Los alumnos de cuarto de ESO de la Escuela Virolai entran a la sala de actas del Ilustre Colegio de Abogados de Barcelona (ICAB) cuando pasan pocos minutos de las once de la mañana. Allá los espera el decano, Pedro Luis Yúfera, que los transmite, apenas sentar a las butacas, la importancia de estudiar una carrera que los guste. Él es un enamorado de su profesión. «Mi familia ya sabe que a la esquela quiero que me pongan abogado «. Después de definir qué es un despacho de abogados en diferentes acepciones, el decano los subraya que la vocación de ayudar, la parcialidad y el secreto profesional son los pilares de la profesión. En cuanto a la confidencialidad afirma, riendo: «Somos peores que los curas». A pesar de todo, reconoce que «a menudo te mueres de ganas de compartirlo». Con esta breve pincelada, Yúfera da las primeras nociones de derecho a los alumnos del Virolai, que es el tercer centro que visita la sede del Colegio este curso en el marco de la campaña Justicia y jóvenes que organizan los letrados de la ciudad. El trasfondo de la iniciativa no es ninguno otro que subrayar la importancia de la justicia en la sociedad y que «el derecho es presente en todos los ámbitos de la vida diaria».

Porque sientan el que viven los abogados el día que se licencian, los estudiantes hacen el juramento protocolario en que los letrados se comprometen a «ejercer la defensa con dignidad, conciencia, independencia y humanidad». En grupos de cuatro suben al escenario con la toga al brazo. Arriba, los esperan sus padrinos, los abogados que validan los que lo serán pronto, que son los encargados de imponer las togas. Antes de que le pregunten por qué su toga es diferente, el decano los envía a hacer puñetas. No porque no paren atención, sino por desvelar-los que esta expresión proviene del trabajazo que antiguamente llevaba hacer las puñetas, los puños de las camisas de bordados y puntetes que traen, como él, el resto de abogados, magistrados y jueces. Con la toga ya puesta, los estudiantes se plantan ante el decano. No se ahorra ningún detalle. Los padrinos ponen una mano a las espaldas del futuro licenciado mientras el decano los hace la pregunta que los abre las puertas a la profesión: «¿Prometed respetar las normas deontológicas de la abogacía?» Todos los estudiantes, que no están tan nerviosos como hace unos cuántos años lo estaba el mismo decano, dan el sí.

Peligro en la red

Después de este acto simbólico, tres abogados del Colegio interpretan una obra de teatro basada en una historia real. La escena reproduce la estriptisque un chico hizo vía chat a una chica, que posteriormente difundió las imágenes por la red. Esta interpretación es la excusa para prevenir y alertar sobre las amenazas y los acosos que se pueden derivar del uso de las redes sociales e internet. A pesar de que el ICAB propone abordar otras temáticas como la violencia de género y el consumo de alcohol y drogas, los tres centros que han participado en la iniciativa se han decantado de momento para hablar de los delitos relacionados con la intromisión al derecho a la intimidad o a la imagen porque es un ámbito que afecta los jóvenes en su día a día.

El decano remarca que los adolescentes tienen que tener claro que tienen unos derechos que tienen que hacer prevalecer, pero también unas obligaciones para cumplir. «Tienen que ser conscientes de las consecuencias jurídicas de determinados actas que hoy en día son habituales y que pueden tener importantes repercusiones», expone Yúfera en alusión a este tipo de prácticas a la red. La representación teatral da a un interesante coloquio moderado por Oriol Rusca, que asegura: «Antes de ser abogado era una personal normal». Rusca ejerce de xòumandurant toda la sesión y consigue captar la atención de los alumnos, que intervienen constantemente para decir la suya. El moderador pone en marcha el debate preguntando qué es la red social que más utilizan. Facebook arrasa. El estudio de campo, que consiste a levantar el brazo, continúa con una pregunta más directa: «Cuántos de vosotros tenéis gente que no conocéis al Facebook?» Sólo un valiente levanta la mano. Rusca se pone a reír y los pincha: «Nadie más?» Dos más salen del armario.

Privacidad

Rusca y el resto de abogados que lo acompañan en la tertulia advierten que el principal peligro de internet es que «todo se almacena, el que cuelgas se queda en la red por siempre jamás», pero en ningún caso criminalizan el uso. Sí que apuestan para adoptar algunas medidas de control como por ejemplo no escribir la dirección o el número de teléfono. En este también sólo un chico mantiene el brazo levantado. Rusca se dirige directamente a él para hacerle ver que no hay que dar estos datos personales. También se recomienda no facilitar contraseñas ni memorizarlas y apagar la conexión cuando se abandona una página web. En el supuesto de que se produzca cualquier tipo de acoso, Rusca los avisa que hay que «tragarse la vergüenza, reconocer que lo has cagado y explicarlo a los padres o a los tutores para cortar de raíz el problema». Y más teniendo presente, como se comprueba hoy, que menos de la mitad de los adolescentes tiene sus padres al Facebook. «Lo chismorrean todo», se excusan los jóvenes internautas. Uno de ellos, Mario Moreno, es de los pocos que se plantea ser abogado: «La criminología me motiva, investigar un crimen para descubrir quién se esconde detrás y ser abogado te permite seguir todo este proceso». Los alumnos de la Escuela Grabe serán los próximos a visitar la sede de los abogados barceloneses, de aquí tres semanas. La iniciativa de acercar el mundo de la abogacía a los más jóvenes está teniendo tanto de éxito que sus promotores se plantean organizar dos visitas en lugar de una al mes como han sido haciendo hasta ahora. Los tutores de cuarto del Virolai que acompañan sus alumnos se van convencidos que la experiencia ha sido provechosa. Rosa Maria Sánchez valora que «se promocionen estudios sociales y de humanidades como salida laboral porque ahora todo está enfocado a la emprendeduría» y Raimon Sebastian cree que «los puede servir como orientación a la hora de escoger qué bachillerato harán»

Más información en:

C/Alaba, 61 08005 Barcelona
935 18 53 85
delvy.es

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